Crónica de una fuga anunciada: El naufragio de la EMV y la huida de un gerente a la deriva
Janette Novo
Portavoz del Partido Popular en Rivas Vaciamadrid
El paso por Rivas del gerente de la Empresa Municipal de la Vivienda (EMV) ha sido tan fugaz como bochornoso. Su estancia ha durado lo que un merengue en la puerta de un colegio, a pesar de que sus protectores en el Gobierno municipal le blindaron con un suculento salario —superior al de un ministro— con la supuesta misión de salvar a la empresa del fango. Sin embargo, ni ese sueldo de privilegio pagado por los ripenses, ha logrado retenerle. Se marcha por la puerta de atrás, dejando una entidad en estado de muerte cerebral y un rastro de decisiones temerarias.
La misión era reflotar la EMV. El resultado ha sido hundirla bajo el peso de la incompetencia y la sospecha. Su gestión quedará marcada por la traumática rescisión del contrato con TAPUSA, adjudicataria de las 83 viviendas. Aquella maniobra, que ya entonces olía a improvisación, ha derivado en un laberinto judicial de proporciones catastróficas. Lo más alarmante fue el modus operandi: para pilotar esta operación, el gerente no dudó en recurrir a un abogado conocido de su etapa en la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo de Toledo, un destino que tampoco abandonó con honores.
Lejos de la transparencia, se adjudicó un contrato negociado sin publicidad al despacho de este mismo jurista para gestionar el litigio. Una carambola de favores que hoy mantiene a la EMV atrapada en procesos judiciales que solo generan incertidumbre y facturas astronómicas. Ante este despropósito, desde el Grupo Municipal Popular solicitamos formalmente a la alcaldesa su cese inmediato. ¿La respuesta? El equipo de Gobierno cerró filas: todos los concejales de la izquierda votaron en contra, convirtiéndose en cómplices de una deriva que hoy les explota en las manos.
Ahora el gerente les ha dejado tirados. No es una renuncia por ética; es la huida de quien sabe que el barco se va a pique y que las decisiones tomadas rozan la ilegalidad. La realidad de este inicio de 2026 es humillante: el Juzgado de 1ª Instancia nº 48 de Madrid ha decretado el embargo de los bienes de la EMV para cubrir más de 3,3 millones de euros. Lo más esperpéntico ocurrió al ejecutar la orden: tras librar los despachos judiciales, solo se han podido embargar 2.400 euros. La empresa municipal no tiene liquidez ni para una factura menor. Las cuentas están vacías; el cajón, lleno de deudas.
La situación es de quiebra técnica real. La deuda de la EMV con la Agencia de la Vivienda Social de la Comunidad de Madrid supera ya los 6 millones de euros, lo que significa que este embargo es solo el primero de una serie de ejecuciones que desvalijarán el patrimonio local. A esto se suma la deuda astronómica que la empresa mantiene fraccionada y aplazada con el propio Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, un truco contable que ya no sirve para ocultar el agujero negro financiero.
Pero el desastre no es solo una cifra; es un drama humano. Todavía están pendientes de pago más de 200.000 euros a los vecinos de la calle Sigrid. Estos ciudadanos, tras ganar un pleito por los graves defectos de fabricación de sus casas, que superaba el millón de euros, han tenido que verse en la situación surrealista de embargar las cuentas de la propia empresa municipal para poder cobrar y arreglar sus hogares. Es el mundo al revés: los vecinos protegiéndose de quienes debían garantizar su derecho a una vivienda digna.
La huida del gerente es la escapada de quien ve las responsabilidades legales asomando a la vuelta de la esquina. Rivas no merecía una gestión basada en el amiguismo y la insolvencia. La EMV queda hoy desamparada, y quienes defendieron a este gestor hasta el último minuto deben dar explicaciones urgentes. La ciudadanía asiste atónita al desfalco de su patrimonio mientras el responsable pone rumbo a otro destino, dejando aquí la factura y el naufragio.

