El estado de Rivas se debate en los barrios y con la participación
Elena Muñoz Echeverría
Concejala de Participación Ciudadana en el Ayuntamiento de Rivas
En una ciudad como Rivas Vaciamadrid, con una larga tradición de participación ciudadana y una identidad profundamente ligada al tejido vecinal, el debate sobre el estado del municipio no puede ni debe limitarse exclusivamente al ámbito político institucional. Rivas se ha construido como una ciudad donde la implicación de los vecinos y vecinas en la toma de decisiones es un pilar fundamental, articulado a través de órganos estables como los consejos sectoriales, los consejos de barrio y las asambleas vecinales, abiertos a todos y todas, sin distinción de ideologías ni sesgo político. Estos espacios no solo están para canalizar inquietudes y propuestas, sino que permiten construir una visión plural y cercana de la realidad cotidiana del municipio.
El Pleno municipal es, sin duda, un órgano clave de la democracia representativa. En él se confrontan proyectos políticos, se fiscaliza la acción del gobierno y se toman decisiones relevantes. Sin embargo, como todo el mundo sabe, su naturaleza es esencialmente política y su periodicidad en nuestra ciudad es de una vez al mes. El formato, los tiempos y el tono del Pleno responden a la lógica del debate entre partidos, donde el protagonismo recae en los grupos municipales y sus estrategias. Abordar en exclusiva en este espacio un debate tan amplio y complejo como el estado del municipio supone reducirlo a una visión parcial, condicionada por intereses partidistas, y alejada, en muchos casos, de la experiencia diaria de los barrios, del día a día.
Frente a esta limitación, los órganos de participación ciudadana ofrecen una perspectiva complementaria y necesaria. En los consejos y asambleas la ciudadanía participa de forma directa, sin intermediarios, trasladando problemas concretos, vivencias y propuestas que nacen del día a día, y donde los responsables políticos dan la cara de manera presencial respondiendo y debatiendo. El estado del municipio no se mide solo en grandes proyectos o cifras generales, sino también en el mantenimiento de los espacios públicos, la movilidad cotidiana, el acceso a los servicios o la convivencia vecinal. Estos espacios, abiertos a todos —vecinos, vecinas, asociaciones, partidos políticos—, permiten un diagnóstico más realista y diverso de Rivas Vaciamadrid.
Debatir el estado de la ciudad en estos foros fortalece, además, una democracia más profunda y corresponsable. En nuestra ciudad contamos, además, con un espacio que responde a esta manera de hacer política participada y que es el resumen del trabajo realizado en asambleas, consejos, asociaciones: el Consejo de Ciudad donde no se trata únicamente de escuchar, sino de opinar para construir colectivamente políticas públicas con una base social amplia. En él, sin ir más lejos, se presentan los Presupuestos municipales, el trabajo de los consejos sectoriales; también se han presentado en su momento el PGOU o la Agenda Urbana. Cuando la ciudadanía percibe que su voz tiene un espacio efectivo, se refuerza el vínculo con la ciudad y aumenta el compromiso con las decisiones adoptadas. Este modelo participativo no sustituye al Pleno, pero sí lo complementa y lo enriquece, aportando una visión vecinal que la política institucional, por sí sola, no puede ofrecer.
En este contexto, resulta especialmente llamativa la escasa importancia que formaciones como VOX y el Partido Popular conceden a la participación ciudadana. Ambos partidos han cuestionado reiteradamente la legitimidad de consejos y asambleas de barrio, así como las plataformas o las asociaciones llegando a calificarlos de espacios “manipulados”. Sin embargo, estas críticas contrastan con un hecho evidente: cuando se les convoca formalmente a participar en estos órganos, su ausencia suele ser habitual. Resulta difícil deslegitimar un espacio al que se decide no acudir.
La participación exige implicación y voluntad de diálogo, y conexión con la ciudad en la que se vive. Calificar estos órganos de manipulados sin estar presentes en ellos supone una falta de respeto hacia el movimiento vecinal y hacia las personas que, de manera voluntaria, dedican tiempo y esfuerzo a mejorar su ciudad. En Rivas, la participación no es un instrumento al servicio de un gobierno concreto, sino una conquista colectiva construida durante décadas, con normas claras y abiertas a la pluralidad de opiniones. Es la certeza de que queremos ciudadanos y ciudadanas y no meros contribuyentes.
Reducir la democracia local al Pleno municipal y despreciar los espacios vecinales implica empobrecer el debate y alejar a la ciudadanía de las decisiones que afectan a su vida cotidiana. En una ciudad como Rivas Vaciamadrid, cuyo ADN es profundamente participativo, el debate sobre el estado del municipio solo puede ser completo y legítimo si incorpora la voz directa de los barrios. Renunciar a estos espacios no es una crítica al modelo, sino una renuncia a una democracia local viva, inclusiva y verdaderamente representativa.

